Artículo escrito por @César de la Paz, Socio – Director de Training en MRC International People Training.

Tener buena memoria suele verse como una virtud. Pero… ¿qué pasa cuando recordamos demasiado, especialmente en el trabajo? Gestionar el rencor en el trabajo es un desafío más común de lo que parece. No hablamos de fórmulas o fechas, sino de aquello que nos dolió, nos molestó o nos hizo sentir traicionados. El rencor es, en el fondo, una memoria que no sabe soltar…
Una persona que no olvida lo que le hicieron —o lo que cree que le hicieron— empieza a filtrar cada interacción desde la desconfianza. No colabora, no delega, no escucha. Espera el momento para “cobrar” lo que siente pendiente. Y eso, en un entorno de trabajo, es veneno en pequeñas dosis.
Según Gallup, los equipos con altos niveles de desconfianza y conflicto no resuelto son un 50% menos productivos y tienen niveles de compromiso mucho más bajos. Porque el rencor no solo resta energía: divide.
Recordar una y otra vez una situación dolorosa es como volver a vivirla. El cuerpo reacciona igual: tensión, estrés, bloqueo. Nos quedamos atrapados en el pasado, repitiendo conversaciones en la cabeza y cargando emociones que ya no tienen lugar. El rencor es como una mochila que no dejamos en el suelo, aunque nos pese.
Olvidar no siempre es posible, pero recordar sin dolor sí lo es. Exponer el malestar antes de que crezca, saber pedir perdón y aceptar el de otros, poner foco en el futuro, no tomar todo de forma personal. El que vive enfadado es quién realmente tiene el problema.
Un equipo rencoroso es como una orquesta donde cada músico toca por su cuenta. Para lograr armonía, cada uno debe soltar su partitura vieja y abrirse a nuevas melodías. El primer paso para una cultura saludable no es una gran estrategia… es limpiar las emociones estancadas. Solo así hay espacio para la colaboración, la confianza y el éxito compartido.
La verdadera fortaleza no está en recordar todo, sino en saber qué merece ser olvidado. Perdonar no siempre es reconciliarse, pero sí es liberarse. En lo personal y en lo laboral, soltar es ganar.
Así que, por ejemplo, en las próximas vacaciones o en el próximo fin de semana, haz una limpieza emocional y pregúntate: ¿Qué puedo dejar atrás para volver más liviano?
César de la Paz Ortiz de Zárate – MRC
Psicólogo Social (olvidadizo 😉)