Las 4 «I» de la nueva era: Internet, Inmediatez, Impaciencia, Impertinencia

Las 4 «I» de la nueva era: Internet, Inmediatez, Impaciencia, Impertinencia

Artículo escrito por @ManelReyes socio director en MRC International people training.

Piensa en cualquier cosa que sabes que deberías hacer y no estás haciendo suficientemente. Podría ser hacer más ejercicio, leer más, visitar más a tus padres, jugar más con tus hijos, hablar más con tus colaboradores… Si te identificas con alguno de esos ejemplos y quieres encontrar la justificación para no hacerlo, es fácil que recurras al es que no tengo tiempo.

Para un nativo analógico -un boomer como nos llaman ahora nuestros hijos-, el contraste de lo que fue una vida analógica con nuestra actual vida digital, resulta muy interesante para entender como el tiempo, como constructo absolutamente relativo, ha tomado una dimensión distinta.

Valga decir que no escribo desde la nostalgia de un pasado que echo de menos. Siento que la tecnología nos ha traído infinitas cosas buenas. Pero quiero manifestar un punto crítico con el uso cotidiano que hacemos de ella y cómo podemos llegar a perder en poco tiempo algunas capacidades intrínsecas al ser humano que hemos desarrollado durante miles de años de evolución.

Voy a compartir mi teoría de las 4 I’s: Internet, Inmediatez, Impaciencia, Impertinencia.

Internet se ha apoderado de nuestras vidas de un modo abrumador. El mundo se pararía si alguien tuviera el poder de desenchufar internet, nada funcionaría. Nos ha traído una facilidad enorme para hacer cosas que antes necesitaban desplazamientos y mucho más tiempo. Pongamos, por ejemplo, comprarse unos billetes de avión, escuchar un disco que no está físicamente en tu casa, o disponer de la biografía de Kafka. El mundo del lo quiero, lo tengo… es muy excitante.

El mundo actual es el de la Inmediatez. Y nos hemos acostumbrado a ella, como no podía ser de otro modo. Yo el primero. El problema aparece cuando me doy cuenta de que muchas veces me importa más que las cosas sucedan rápido a que sucedan bien. Es cuando la urgencia le gana la partida a la importancia.

En ese momento me he convertido en un ser endiabladamente Impaciente. Lo bueno se hace esperar, se decía en otros tiempos. Porque el valor de una buena foto y lo mucho que lo pensábamos antes de apretar el botón cuando los carretes tenían un límite de 12, 24 o 36 exposiciones, era infinitamente superior al que tiene ahora, cuando hacemos una ráfaga, intuyendo que habrá alguna buena, pero que muchas veces, ni siquiera saldrá de nuestro móvil.

Un día estaba con un grupo, donde nos estábamos recomendando lecturas para el verano. Cuando llegó mi turno, no recordaba el título de la novela que quería recomendar, ni el autor. Todos estaban expectantes y unos segundos después me vino el nombre del autor y lo dije. Pero aún me faltaba el nombre de la novela. Automáticamente, varias personas cogieron sus móviles para entrar en Google, y escribir bibliografía de Eduardo Mendoza. Protesté enérgicamente, creo incluso que fui un poco desagradable. Les dije: no veis que me estáis perjudicando. Yo sé que la información que busco está en mi memoria, sólo necesito un minuto para encontrarla. Y así fue, unos segundos después apareció La ciudad de los prodigios una novela que recuerdo con mucho cariño.

Google no debería ser nunca nuestro plan A cuando sabemos que aquello que buscamos debe estar en un rinconcito entre nuestros recuerdos. Porque si lo hacemos estaremos atrofiando anticipadamente la memoria, que es una capacidad imprescindible para la vida.

Dichosa impaciencia que nos lleva a la Impertinencia, ese momento en que la exigencia hacia la inmediatez de respuesta nos convierte en individuos desagradables.

Recibes una llamada de teléfono donde alguien te reclama que hace dos minutos te ha enviado un WhatsApp y no le has respondido. Cuando le dices que no lo has visto, esa persona ofendida te responde: Pues yo he visto que has estado en línea… Existen un millón de motivos capaces de explicar el por qué ese mensaje que ha dejado constancia de enviado, entregado, si has estado o no en línea y supuestamente leído, no ha sido respondido. Incluyendo, claro está, el no me ha apetecido responderte.

¿No crees que es de una impertinencia brutal ese nivel de exigencia hacia los demás?

El placer de la inmediatez, por muy estimulante que parezca, es infinitamente inferior a las sensaciones gratificantes derivadas de la paciencia, del autocontrol, del aprender a decir no a la respuesta inmediata, precipitada e irreflexiva.

Poner una pausa entre el estímulo y la respuesta, es lo que nos ha hecho humanos y es la característica principal que nos distancia del resto del reino animal.

Una pausa para tomar decisiones más inteligentes, para dar una segunda oportunidad a nuestra memoria o para dar un bofetón a nuestro ego, que necesita mostrar que es más listo el que responde más rápido.

Ojalá tomes conciencia de las 4 I,s y seamos más los que humanicemos en lo posible nuestras relaciones en el entorno digital.

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