¿Cuánto vale tu trabajo?

¿Cuánto vale tu trabajo?

En un mundo cada vez más digital, la inquietud sobre las “profesiones en peligro de extinción” se ha acelerado. Según datos del Foro Económico Mundial, en 2025 se habrán destruido 75 millones de empleos en todo el mundo debido a la digitalización, pero al mismo tiempo sostiene que se habrán creado otros 133 millones de puestos de trabajo en nuevas profesiones.

Esta situación nos lleva obligatoriamente a cuestionarnos sobre el verdadero valor de nuestro trabajo. ¿Cuál es? ¿Dónde está? ¿Valor para quién? ¿Seguirá teniendo el mismo valor en el futuro?…

Por poner un ejemplo, desde un punto de vista empresarial Jim Belosic, el CEO de Shortstack, estableció su fórmula para medir el valor del trabajo de sus empleados de una manera estática y simplemente económica:

Salario anual + el valor monetario de los beneficios / número de horas reales trabajadas en un año = valor por hora

En mi opinión se trata de una fórmula demasiado simple e incompleta para obtener el verdadero valor del trabajo de una persona. No se nos paga por las horas que trabajamos, sino por el valor que generamos en esas horas acordadas.

Para mí son 3 los elementos clave para determinar el auténtico valor del trabajo de una persona para una empresa:

  1. El valor aportado al cliente, que recoge la suma tanto de los tangibles (facturación, producción) como de los intangibles (relación, fidelización)
  2. El valor que aporta como miembro de un equipo, y si además se trata de una posición de liderazgo, su capacidad para hacer mejores a sus colaboradores, y
  3. Su potencial, es decir, la capacidad que tiene para desarrollarse como profesional y explotar (aprendizaje y aplicación práctica)

¿Y desde un punto de vista personal?, ¿qué valor tiene para mí el trabajo que desempeño?…

Si caemos en las mismas premisas simplistas los hay que lo relacionarían con lo que cobramos, sin embargo, abordándolo de manera más completa y dinámica estos son los factores a tener en cuenta para valorar nuestro trabajo:

  1. Lo que aporta a la sociedad en la búsqueda de un mundo mejor mi nivel de contribución.
  2. Si me permite acercarme a mi propósito y a mis objetivos personales. Una frase que suelo usar como un “mantra” cuando imparto talleres sobre OKRs (la metodología de animación por objetivos popularizada gracias a Google): si lo que estás haciendo hoy no te acerca a lo que deseas ser mañana, algo estás haciendo mal.
  3. Si, por tanto, me ayuda a crecer y desarrollarme (mejorar mi nivel de empleabilidad).
  4. Que me ofrezca suficiente autonomía para desempeñarlo (creatividad y autogestión).
  5. Y, por último, y no menos importante, que me guste tanto que lo desempeñe con pasión.

Al final encontramos como ingredientes principales las 3 recompensas intrínsecas que cita Daniel Pink en su extraordinario libro “La sorprendente verdad sobre lo que nos motiva”: propósito (para qué hacemos lo que hacemos), maestría (ser cada vez mejores en lo que nos importa), y autonomía (poder elegir cómo hacer nuestro trabajo).

¿Y qué competencias y habilidades surgen de combinar ambas perspectivas (empresarial y personal) para valorar nuestro trabajo?

  1. Inteligencia emocional y habilidades sociales
  2. Capacidad de aprendizaje
  3. Desarrollo de la creatividad y resolución de problemas

Se trata, precisamente, de aquellos factores que le darán valor a nuestro trabajo en un mundo cada vez más digital, ¿no os parece? Pensar, gestionar emociones y aprender.

 

Autor: Francisco Arteaga – Business Coach & Training Director en MRC International people training

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