Excelencia hoy…

Excelencia hoy…

Hace ya años, mientras esperaba la llegada del metro, un trabajador -pongamos que se llamara Paco-, me cautivó por su forma de trabajar.

Estaba terminando de cambiar uno de los macro anuncios de la pared, que en aquella época se hacía a base de brocha y mucha cola de pegar. Lo que me sorprendió fue la exactitud y perfección con la que hacía su trabajo. Parecía que le fuera la vida en ello. Y, además, lo hacía con una sonrisa permanente mientras silbaba alguna canción. Admirable Paco…

Esta historia me recuerda a Anna, una mujer argentina que en el recomendable libro del maestro Robin Sharma, El líder que no tenía cargo, se propone ser la mejor camarera de habitaciones de todas las cadenas de hoteles de Nueva York… y, por su forma de trabajar, aunque sea una historia de ficción, seguro que lo consiguió.

Y es que hoy día en tiempos de tantas turbulencias como los que estamos viviendo, creo que estas son las personas -yo casi diría héroes– que necesitamos en todas las organizaciones.

Atrás quedaron los tiempos en que, gracias a aquellos primeros círculos de calidad que idearon los japoneses en los años sesenta, la calidad dejó de ser responsabilidad exclusiva de un solo departamento, pasándose además de un enfoque reactivo -se hacía el trabajo, se medía un muestreo y se corregían sólo los fallos que se detectaban-, a uno proactivo en el que ahora se busca el “defecto cero” -la excelencia-, poniendo la responsabilidad de la calidad en todos los componentes de la organización sin excepciones.

Así que hoy, con una competencia como sabemos feroz, con economías bajo mínimos y, por tanto, sin margen de error, nos toca a todos ser Pacos o Annas… es lo que hay. Y da igual que tu tarea sea resolver expedientes de multas en una gestoría, atender una recepción en un hospital o estar negociando varios millones de euros quizá en el palco de un gran estadio… todos, como digo sin excepción, tenemos que apuntar a la excelencia para que entre todos superemos estos momentos complicados.

Hoy más que nunca tengo claro que hay que hacer buena la célebre frase de Magic Johnson cuando dijo «No preguntes qué puede hacer el equipo por ti. Pregunta qué puedes hacer tú por él».

Y qué razón tenía también Aristóteles cuando dijo «Somos lo que hacemos repetidamente. La EXCELENCIA, entonces, no es un acto; es un hábito». Claro, porque el hábito no es ni más ni menos que nuestro día a día, es el quehacer diario de cada uno, algo que a veces completamos sin ser conscientes de lo mucho que supone esa tarea -la que sea- a la organización, a sus resultados y, en definitiva, a asegurarnos entre todos un futuro.

Pues toca terminar de pegar el cartel recortando ese borde que sobra por mínimo que sea y toca dejar una nota con una sonrisa a ese cliente que se alojará en esa habitación de mi hotel, aunque sepa que seguramente nunca llegaré a conocer… será un pequeño esfuerzo individual que, unido al de los demás, hará que juntos consigamos crear una gran obra… una obra ¡excelente!

Autor: Ladislao Mollá, Socio-director MRC International people training

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