Felicidad

Felicidad

En una entrevista realizada recientemente al pensador y artista panameño Rubén Blades, me llamó la atención la respuesta de su abuela a su pregunta cuando era niño de “si éramos pobres, porque veo que hay cosas que nosotros no tenemos ni podemos comprar. Ella le respondió: “no, nosotros no somos pobres; nosotros lo que pasa es que no tenemos dinero. Y él dijo: “bueno, ¿no es lo mismo.  No, no es lo mismo; dijo ella… pobre es el que no tiene intelecto ni espíritu, pobre es el ignorante. Un idiota gana la lotería mañana y no deja por eso de ser pobre. Hay gente que es pobre porque lo único que tiene es dinero. No estés pensando en eso…” ¡Una lección del carajo!, comentó él.

Al leer esto, me vino a la mente una reflexión sobre la Felicidad, tan ansiada por todos; sobre el dinero, el poseer cosas, etc. ¿Ser rico y tener muchas cosas implica ser feliz? ¿Se puede ser feliz siendo pobre? ¿Qué es ser rico y qué es ser pobre? ¿El placer implica Felicidad?

Está claro que el que tiene muchas necesidades, realmente es pobre e infeliz, y al revés; quien tiene pocas necesidades y se conforma con poco, en cierto sentido es rico y le resulta más fácil ser feliz. Las personas más ricas y que tienen más objetos no son las más felices, pues cuanto más tienen, más elevadas son sus expectativas y consiguientemente la frustración y el vacío según un estudio realizado por Kahnemen.

“Es cierto que los ricos pueden experimentar más placeres que los pobres, pero para quedar realmente satisfechos necesitan sucesivamente más placer”, asegura Kahnemen.

Y también es cierto que es difícil experimentar el bienestar sin tener medios económicos suficientes.

Por todo esto, en el pequeño país himalayo de Boután tienen claro desde hace años que el bienestar de su gente no depende exclusivamente de la economía del país (PIB), sino también de las conocidas como cuatro dimensiones de la Felicidad: la física (me encuentro físicamente bien), la psico-emocional (me siento bien conmigo), la social (me siento querido y valorado) y la espiritual (he encontrado sentido a mi vida). Y, por eso, han decidido sustituir el indicador del PIB por el de la Felicidad Nacional Bruta (FNB).

También está claro que nuestra Felicidad está relacionada con nuestra actitud, positiva o negativa. No podemos cambiar los hechos, pero sí cómo los interpretamos y cómo reaccionamos. Lo que nos daña no es necesariamente lo que nos sucede, sino nuestra respuesta. La Felicidad -como la desdicha-, es una elección proactiva; la persona proactiva se siente responsable de cambiar dentro de sí para cambiar lo que está fuera. La fuente de alegría debe brotar de la mente.

Según Montaigne, “Un hombre no es herido tanto por lo que le sucede, cuanto por su opinión de lo que le sucede”.

La actitud positiva nos ayuda a sentirnos bien, a disfrutar más de la vida, a ser más sociables, tener más autoestima, mejorar el sistema inmunitario y, por lo tanto, a vivir más. En definitiva, a tener más éxito personal y profesional.

Parece ser que hay relación entre reír y el estado emocional, así como entre el humor y la actitud positiva y la salud.

Bernabé Tierno afirma que, según estudios realizados, las personas que presenciaban películas divertidas, con risas y carcajadas, recuperaban mejor sus índices cardiovasculares.

Por eso hay muchos defensores de la importancia de la risa que nos dicen que “la sonrisa, aunque sea forzada, afecta positivamente al estado de ánimo”. Si eres feliz, sonríes, pero también al revés. Como dice William James, “No canto porque soy feliz; soy feliz porque canto. Un proverbio escocés dice que “la sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz. Y un proverbio chino que “la persona cuya cara no sonríe, no debería abrir una tienda”.

Cuando reímos, las emociones se contagian hasta que todo el cuerpo estalla en risa sincera. Por eso nos dice el Mago More que “no hace falta ir a la farmacia a comprar endorfinas, dopamina, serotonina, etc.; tú las puedes generar. Eres tu propio camello emocional”.

La Felicidad es algo interior, no es asunto de fuera. No es un lugar al que se llega, sino lo que se disfruta durante el camino. Nuestra paz interior, satisfacción y alegría depende no de lo que tenemos, ni de lo que nos pasa, sino de nuestra actitud mental. Ya Abraham Lincoln dijo que “La mayoría de las personas son tan felices como deciden serlo. De ahí la importancia de tener una actitud positiva permanentemente.

El principal obstáculo para esto es que nuestro cerebro está programado desde el inicio de la existencia de nuestra raza para la supervivencia, para buscar amenazas y peligros; es decir, para buscar lo negativo y no precisamente ser felices, de forma que podamos defendernos.  Este mecanismo de supervivencia nos ha sido muy útil a la humanidad cuando éramos cazadores y recolectores y vivíamos cada día con amenazas de ser atacados en nuestro entorno inmediato. Hoy en día, este mecanismo genera pesimismo y negatividad y, por eso, mantener la positividad y superar la tendencia del cerebro a centrarse en los miedos y en lo negativo es un desafío constante.

El psiquiatra austríaco Viktor Frankl, prisionero en tres campos de concentración nazis, decidió ser feliz en pleno sufrimiento exterior, aprovechando esas circunstancias para estudiar a fondo al ser humano y ser útil cuando fuese liberado. Llegó a escribir que:

“incluso en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, los seres humanos preservamos la capacidad de elegir la actitud con la que afrontamos nuestras circunstancias”. – Viktor Frankl,

Son frecuentes los casos de personas que han sufrido accidentes, atentados, etc. y han decidido aprovechar sus nuevas circunstancias para prepararse y ser útil a la sociedad aportando reflexiones sobre sus experiencias. Confiesan que son más felices con esa aportación que antes de perder la pierna, quedar en silla de ruedas, etc.

Otro factor importante, pues, para ser feliz es tener un motivo para vivir, una ilusión, unas metas concretas y, en función de ellas, seleccionar lo que queremos hacer de todo ese montón de cosas que podemos hacer. Tener la sensación de que yo dirijo mi vida, buscando ser útil y transcenderme. “Soy el dueño de mi destino, soy el capitán de mi alma dijo Nelson Mandela. Posteriormente al salir de la cárcel después de más de veinte años, dijo que “cuando atravesé las puertas de la prisión, me di cuenta de que si seguía odiando a aquellas personas seguiría en la cárcel.

Curiosamente, es frecuente que profesionales que tratan a ancianos ya terminales dicen que les ha llamado la atención que la mayoría afirman estar arrepentidos de no haber intentado algún sueño o ideal que tuvieron…

”La probabilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante” (Paulo Coelho).

El sicólogo Alfred Adler tenía claro que el orientar nuestras vidas a ser útiles y a contribuir a que nuestra sociedad sea más humana es fundamental para ser felices; por eso decía a sus pacientes depresivos: “Ud. puede curarse en 14 días  si sigue esta prescripción: procure pensar cada día de qué manera puede complacer a alguien. Y Fedor Dostoiesky afirmó “si quieres reducir a un hombre a la nada, dale a su trabajo un sentido de inutilidad”.

En esa línea Oscar Wilde decía que “el único egoísmo saludable, permitido y necesario es el de hacer felices a los demás, con el fin de estar mejor uno mismo”.

Y por último, otro factor fundamental para ser felices (y relacionado con los anteriores) es sentirse querido y valorado. Por eso es crucial saber relacionarse, tener buenos amigos, personas a las que se quiere de verdad y con generosidad. “La alegría más grande de la vida es estar convencidos de que somos queridos” (Victor Hugo).

Como conclusión de toda esta reflexión, se me ocurre que sería muy importante que se nos enseñase a ser Felices, que en el colegio hubiese una disciplina para educarnos para la Felicidad. Mientras tanto, de nosotros depende ser fuentes de alegría, de energía y entusiasmo (aunque no te guste el trabajo), o…vertederos de energía tóxica.

Autor: Carlos Vélez. Director de Training de MRC International people training

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